¨Erase una vez un muchacho llamado Silky. La luz de la lampara caia sobre el, le hacia brillar como seda (silk) parpadeante al darle por los tuneles delante de nuestros ojos. Un instante, y entonces desaparecia... Un pequeño muchacho en pantalones cortos y botas que muchos de nosotros hemos visto alli abajo, algunas veces mirandonos desde los limites mas profundos de la oscuridad, algunas veces pasando desapercibido a nuestras espaldas al inclinarnos hacia el carbon. Si alguna vez una lampara se apagaba o faltaba una linterna de alguno de los mineros, era cosa de Silky, soliamos decir... Pequeño diablo. El pequeño Silky. Algunos dijeron que se habia quedado atrapado alli abajo despues de uno de los desastres. Nunca fueron capaces de encontrarlo. Nunca lo sacaron ni lo enterraron. Sin embargo, no daba miedo. Tenia algo dulce. Algo que deseabas tocar y tranquilizar y sacar a la luz. El pequeño Silky. Pregunta a cualquiera de los viejos de por aqui y ellos te diran cosas sobre nuestro Silky... Se llevo el agua y la galletas que le dejamos. Pequeño diablo... Un ser brillante. En el fondo de la oscuridad.¨
David Almond
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